Crepuscular

En la hora crepuscular no se distingue el bien del mal,
la conciencia adormilada y la razón obnubilada
es dominada por el instinto animal.

Busca lo que desea, obtiene lo que le place y le satisface
poco importa si es necesario, sensato o razonable
fantasía, sueño o disparate.

Medio dormido, medio despierto en total desconcierto
cuando la razón por fin recobra conocimiento
y la conciencia juzga con más acierto.

¿Qué has hecho animal salvaje?! ¡Pobre de ti!
¿Cómo has podido traer esta ruina sobre mí?
… fue tan solo un fugaz recuerdo de ti.

Morpheus Amorfo

Corazón sangrante

El corazón que sangra por amor no sangra en vano, derrama ríos de deseos, sueños y anhelos; cada gota una palabra, una frase, unos versos;
en ocasiones, las pasiones se desbordan brotando a borbotones
y la sangre clama desde el fondo del estanque por alguien que la escuche y se apiade, entonces vienen los sedientos de amor agotados de deambular por desiertos y parajes desolados y beben, saciándose de deseos, sueños y pasiones sin que su sed se vea apaciguada y beben hasta que su corazón se derrama y sangra
y sangra por amor y no sangra en vano y sangra el corazón, el corazón, que sujeto en la mano.

Morpheus Amorfo

Obsesión

Nací en la montaña y vivo en el desierto, quizá por eso me obsesione el mar.

¿Debo suponer, que naturaleza humana es el desear, aquello que por lejano nos cause desconcierto?

Si el objeto de nuestro deseo a nuestra imaginación exalta y por instantes a nuestro ser arrebata, ¿acaso no, al no poderlo alcanzar se transforma en obsesión ingrata, que de nosotros quisiéramos arrancar?

Nací en la montaña y vivo en el desierto. Quizá por eso me obsesione el mar.

Morpheus Amorfo