Del ser y el parecer

Alguien alguna vez me dijo que parecía escritor. Pienso que el parecer ya es un buen principio, aunque como dice el viejo y conocido refrán «el hábito no hace al monje» eso sí, bien que lo distingue y conforme con la misma sabiduría popular, que siempre encuentra un equilibrio para todo, «para ser, también hay que parecer». Desde luego no basta parecer, para llegar a ser hay que ejercer, obvio es que en este ejercicio, del parecer para llegar a ser, no pocas son las fallas y los obstáculos; los errores y las imperfecciones siempre serán notorias y en ocasiones tan abrumadoras que el desgano y abatimiento hagan mella en nuestro ánimo y pensemos en desistir. Sin embargo, si estamos conscientes de que no hay un sólo éxito que no vaya precedido de una gran multitud de fracasos, entenderemos que este proceso de perfeccionamiento es más bien un interminable ciclo de ensayo, error y rectificación en el cual deberemos perseverar si aspiramos a ver coronados nuestros esfuerzos. En fin, solo parezco, pero quizá si me afano en ejercer, equivocarme lo suficiente y rectificar adecuadamente, algún día lo seré.

Morpheus Amorfo

Allá en la Penumbra

No se alcanza a ver nada, no es tan tarde pero ya está muy obscuro, supongo que el restablecimiento de la energía eléctrica del alumbrado aún va a demorar un par de días más, no sé y es que está medio nublado y la Luna está menguante, casi nueva. Todavía hay hielo de la nevada reciente y se ¡siente la humedad hasta en los huesos! Es cierto lo que dicen, hace más frío durante el deshielo que durante la nevada… Hasta él parece nevioso, se detiene, olfatéa, levanta la cabeza y vuelve a olfatear moviendo las orejas como queriendo escuchar y distinguir que hay más allá en la penumbra… lo hace con mayor frecuencia que de costumbre y es que en estas condiciones hasta los sonidos parecen intensificarse… de hecho hay ruidos que no reconozco, ¿será algún animal del monte que no se pasea muy seguido por aquí? al menos cuando hay más luz y gente. No se si sea la caminata o lo inquietante del ambiente… hasta él parece nevioso, se detiene, olfatéa, levanta la cabeza y vuelve a olfatear…

Morpheus Amorfo

Obsesión

Nací en la montaña y vivo en el desierto, quizá por eso me obsesione el mar.

¿Debo suponer, que naturaleza humana es el desear, aquello que por lejano nos cause desconcierto?

Si el objeto de nuestro deseo a nuestra imaginación exalta y por instantes a nuestro ser arrebata, ¿acaso no, al no poderlo alcanzar se transforma en obsesión ingrata, que de nosotros quisiéramos arrancar?

Nací en la montaña y vivo en el desierto. Quizá por eso me obsesione el mar.

Morpheus Amorfo

El Río del Tiempo

El Tiempo es un río caudaloso, no se detiene, no marcha hacia atrás, no se seca, avanza y acelera vertiginoso y aunque tiene remolinos y breves remanzos, son solo esos instantes en que el Tiempo parece detenerse, expandirse y comprimirse, incluso retroceder; aun así, corre inexorable y fatalmente hacia su destino, el Mar, principio y fin de todos los rios.
Morpheus

Fiel Compañero

¡Es un fastidio!¡Lo sé! Pero no sé qué haría sin mí !Es tan desmemoriado el pobre! Tengo que recordarle todos los días lo que debe hacer, incluso en ocasiones es necesario levantarle la voz, pero si no le recuerdo yo no se quién más lo haría. Además de desmemoriado es inseguro e imprudente, es necesario guiarlo y protegerlo de los extraños; advertirle del peligro y llevarlo por lugares más seguros ¡pero es necio! No muchas veces se deja guiar e insiste en seguir esa misma ruta de siempre ¡En fin! Supongo que así es tener uno, es una responsabilidad. ¡Aveces es un fastidio! ¡Lo sé!
Morpheus

Decepción

   “Dime si hay algo entre ustedes” – inquirió – “prefiero saberlo que imaginarme cosas que no son”. Aunque le aseguró que no había nada, él no se quedó conforme. La situación era por demás sospechosa. Ese día ellos sabían que era poca la probabilidad de que él se apareciera por ahí, pero lo hizo. Ella nunca subió el rostro, era evidente que no podía verlo a los ojos, ya por vergüenza o por no querer delatarse. El caso es que era evidente. Él no atinó a decir nada y mejor decidió marcharse.

   En el camino le fue invadiendo aquella sensación qué pocas veces en la vida uno experimenta. Apresuradamente y en voz baja pidió el café de siempre y se desplomó en un sillón. Recordó aquello del poder de las emociones sobre nuestro cuerpo; de que uno somatiza y que muchas enfermedades tienen un origen más bien emocional que fisiológico. “No puedo creer que algo así me vaya a enviar al doctor” – pensó- “o qué decir a un psicólogo más bien. A mí edad, esto ya no es aceptable, es indigno de un caballero, ni que fuera un colegial”. 

   Por más que trataba de racionalizar sus sentimientos el malestar no disminuía. Él se consideraba a sí mismo un ser racional, alguien que dominaba sus pasiones y probablemente eso le hacía sentir aún más decepcionado de sí mismo y un tanto confundido y asombrado de su malestar.

Así se reencontró con una vieja amiga, Decepción y decidió marcharse, más Decepción se marcharía con él.

Morpheus

El Mar

En este inmenso Mar confluyen muchos ríos;
ríos de todas longitudes, edades y cudales,
algunos, de aguas turbulentas y otros de aguas quietas; algunos, de aguas turbias y heladas, otros de aguas cristalinas y cálidas; unos, unidos a otros, en un solo caudal y otros solitarios, sin amigo, ni rival.
Algunos de estos ríos nacen en las montañas nevadas, fitrándose através de las edades por rocas y glaciares, corriendo cuesta abajo, atravesando las llanuras, los valles, desiertos y manglares; otros apenas nacen y se precipitan, sin gozos ni pesares, de regreso al apacible e inmenso Mar, el Mar de la Eternidad
Morpheus Amorfo

Amistades

Las amistades como las flores, hay que cultivarlas porque se pueden marchitar. Pero así como con las flores, existe variedad; las hay frágiles y delicadas, con raíces cortas que requieren mucho cuidado y atención pues se marchitan con el primer temporal y las hay fuertes y con raíces profundas que perduran a pesar de todo.

Morpheus Amorfo

Gatos y Demonios

Me imagino que los demonios son como los gatos. Manipuladores, sensuales e irresistibles. Son los mejores negociadores de la naturaleza. Obtienen lo que quieren sin decir una sola palabra. Son chocarreros, juguetones e inexpresivamente burlones. Son sádicos, causan dolor y al parecer esto les produce placer. También son algo masoquistas, aparentemente el dolor propio también les produce cierto placer. Quien sepa de gatos podrá entender esto. Ellos han de pensar lo mismo de nosotros, a final de cuentas dicen que “el león cree que todos son de su condición”, así son los felinos, a fin de cuentas. Por esto, algunas personas odian a los gatos ¡Se parecen tanto a nosotros que por eso chocamos! Así son los demonios, tan humanos y así somos los humanos tan demonios, como los gatos.


Morpheus Amorfo