Babel

Te hablo y no me entiendes; me hablas y no te entiendo. Es como si habláramos lenguas diferentes. Construimos juntos una torre; pensamos que es la misma, pero la de cada quien es distinta. ¿Convergerán?, ¿quedarán inconclusa? o ¿se derrumbarán al unísono? Sólo el tiempo dirá, mientras tanto seguimos construyendo; no me entiendes y no te entiendo.

Morpheus Amorfo

Esperar con ansias

Siempre espero con ansias el amanecer. Muchas veces me despierto más temprano de lo usual. Así me lo indican la obscuridad y el silencio. Aún así prefiero levantarme y hablarle. Quién sabe, con un poco de suerte, quizá ya esté despierto también y podamos salir como todos los días. Bueno como casi todos los días, la verdad es que no es muy confiable y la constancia no es su fuerte. Aunque lo entiendo, pienso que es precisamente la incertidumbre es la que me despierta más temprano y espere con ansias el amanecer.

Morpheus Amorfo

Caída y redención

¡Qué tan profunda no tendrá que ser la caída 
para que elevada sea la redención!

¿Acaso no precisó el Salvador descender al más profundo de los abismos
antes de elevarse al más alto de los cielos?

¿Cuánto más deberá descender nuestro linaje para encontrar gracia en la creación?
¿Y cuánto más me privarás de tu cálida mirada
que reconforta a mi corazón?

Mospheus Amorfo

Diluvio

Y no para de llover, cuarenta días y cuarenta noches con los ojos secos y el corazón inundado ¿Qué este diluvio no tendrá fin? Si de Noé tuvieron gracia ¿Qué tú no la tendrás de mí? ¿Cuánto más navegaré en estas aguas tormentosas de la desesperanza? Una respuesta, un signo o una señal y mi corazón reposará cual Arca en las apacibles alturas del Ararat. Y no para de llover…

Morpheus Amorfo

En el principio…

Éramos uno,
nos deseamos, contemplamos nuestro rostro y tu y yo fuimos dos;
nos separamos, surgió nosotros, tu y yo fuimos tres;
nos reflejamos, tu y mi reflejo, yo y tú reflejo fuimos, cuatro; 
nos reunimos, nuestros reflejos y nosotros, fuimos cinco 
y tu seis y yo siete.
Somos siete 
y siete somos uno.

Morpheus Amorfo

Los restos de mi vida

Te dejo los restos de mi vida,
se componen de lo que no fue y nunca será,
deseos insatisfechos y anhelos incumplidos,
intentos fallidos de vanas esperanzas,
restos añejos, fragmentados, con tu rostro en todos lados,
tómalos, te pertenecen como alguna vez mi amor te perteneció, puedes incinerarlos en las llamas de la indiferencia o atesorarlos en el relicario de tu conciencia. 
Son tuyos, son míos, son los restos de mi vida.

Morpheus Amorfo

Esperaré

Te esperé una eternidad,
te esperaré hasta el final de los tiempos
¿y será entonces que me acuerde de ti?
¿o solo recordaré lo que pudo ser y no fue?
¿Será qué alguna vez será, en otra vida, en otro tiempo?
esperaré hasta que alguna vez sea
o me olvide de lo que no fue

Morpheus Amorfo

Edad de la poesía

Tres edades tiene la poesía;
Los viejos la escriben,
los jóvenes la viven,
los niños lo son.

Los primeros serenamente
rememoran su juventud con melancolía, la acrisolan y la plasman.

Los segundos impetuosamente actúan al arrebato de sus emociones y la experimentan.

Los últimos, más cerca de la fuente de la armonía de la naturaleza la expresan.

Son los que eran, los que son y los que serán.

Morpheus Amorfo

En la orilla del mar de Tagore

En la orilla del mar de mundos interminables se juntan los niños.

Tranquilo está el cielo infinito en lo alto, y abajo el agua nunca está quieta es borrascosa. En la orilla del mar de mundos sin fin, los niños se juntan y bailan con algazara.

Hacen de arena sus casas y juegan con las conchas vacías. Entretejen las hojas secas para hacer barcos, y lanzan sonrientes a la vasta profundidad. Los niños juegan en la orilla del mar de los mundos.

No saben nadar; no saben echar las redes. Los buceadores de perlas se zabullen en busca de ellas; los mercaderes navegan en sus bajeles; en tanto los niños recogen piedrecillas y de nuevo las esparcen. No buscan tesoros ocultos ni saben tender las redes.

El mar hincha sus olas de risa, y fulge pálida la sonrisa de la playa. Las olas de la muerte cantan a los niños baladas sin sentido, lo mismo que una madre cuando arrulla al infante en la cuna. El mar juega con los niños y pálida fulge la sonrisa de la playa.

En la orilla del mar de mundos interminables, se juntan los niños. La tempestad vaga por el cielo sin senderos; los barcos naufragan en el agua sin rutas; la muerte anda libre y los niños juegan. En la orilla del mar de mundos interminables, es la gran reunión de los niños.


-Rabindranath Tagore

Comentario: Poderosa imagen de Tagore, “la orilla del mar de mundos” no puede otra cosa que evocar la imagen de la inmensidad del espacio y su orilla los brazos exteriores de una galaxia. Pero… ¿Quiénes son los niños? ¿los buceadores, mercaderes y sus naves? ¿Acaso serán las almas humanas esperando reencarnar en alguno de los interminables mundos al ser tragados por “las olas de la muerte”? Serían los buceadores los ángeles de las muerte encargados de extraer los tesoros de las profundidades, almas lista para una nueva encarnación y los mercaderes encargados de enviar a las almas a su próxima vida. Quizá…